lunes, 8 de febrero de 2016

El estrés mata. Tres métodos simples para inhibirlo.

                                                             




Por Malén Cirerol

Los zoólogos parecen tenerlo claro. En el mundo animal, en los mamíferos superiores, cuando un animal pierde su lugar en el sistema jerárquico de la manada, cuando es rechazado, entra en situación de estrés, enferma y muere. No tener un lugar, no poder desarrollar una identidad definida le hace entrar en un estrés interno que le enferma.

Sin embargo, este proceso que para los zoólogos aparece tan claro, cuando se trata de humanos suele comprenderse solamente en el plano teórico. Solemos olvidar que somos animales mamíferos

El estrés enferma, el estrés mata. Mata a fuego lento. Las hormonas y neurotransmisores que se segregan en una situación de estrés, tensan los músculos, dificultando todo tipo de circulación, estimulan el cortex cerebral y el corazón, actúan sobre la función hormonal y condicionan la recarga de nutrientes. Cuando se vuelve crónico, queda poco espacio para la recarga y el sistema de defensa, con el tiempo, se agota. Es un estado que no puede ser mantenido indefinidamente.

Sin embargo l@s human@s, mantenemos ¡tantas y tantas veces! situaciones de estrés durante ¡tanto, y tanto tiempo!… y nos sorprendemos cuando nuestro organismo empieza claramente a dar señales de alarma.

Entonces nos fijamos en el síntoma y estudiamos nuestro cuerpo a trocitos; para así ir mitigando cada uno de sus efectos.

Sin embargo la solución está en abrir los circuitos cerrados, buscar las causas y encontrar la forma de resolverlas o evitarlas.

Pero el proceso puede, a veces, ser difícil y lleva tiempo; sobretodo cuando este estrés es emocional y las causas que lo provocan son difíciles de detectar por una misma; o bien si proviene de mecanismos y condicionamientos aprendidos muy atrás, en la infancia y que, al no ser resueltos, continúan actuando.

Mientras tanto, mientras buscamos sus orígenes, es posible disminuir sus efectos destructivos utilizando simples métodos para cortar la subida del estrés.

Y, aunque nada sustituye la resolución de los problemas, parar la espiral de estrés permite tener la cabeza más lúcida y los sentidos menos embotados, permitiéndonos, así, ver y sentir con más claridad.

Y cuando la subida del estrés provoca síntomas tan omnubilantes como la opresión, las crisis de pánico, las taquicardias etc… puede, en estos momentos, resultar muy importante tener una herramienta de ayuda que sea eficaz y no dependa más que de una misma.
Tres métodos.-

Tres son los métodos de autoayuda que voy a proponer aquí. Pueden utilizarse juntos o por separado, dependiendo de las circunstancias y la facilidad de cada una.
1ª.- La salivación.

De las dos funciones, en balanza, del sistema neurovegetativo, es la simpaticotonía la que predomina durante el estrés. Es la función que prepara nuestro organismo para la defensa o la huída.

La salivación es una función del parasimpático, la otra polaridad de la balanza. Por lo tanto si logramos activar esta función el resultado no es solamente local sino que induce a la balanza neurovegetativa a inclinarse hacia este segundo polo. Éste es el polo de la digestión, de la asimilación de nutrientes, del funcionamiento hormonal. Del relajamiento mental.

La salivación, además, también ayuda a bajar el nivel de acidez del cuerpo que el estrés produce.

Nuestras glándulas salivares están situadas en el fondo de las mejillas aproximadamente debajo de los oídos unas, y debajo del mentón la otra.

Pasos a seguir para activarlas:

1º: visualizar, sentir o imaginar la presencia de estas glándulas.

2º: Intentar relajar esas zonas como si quisieras dejar espacio para que puedan funcionar sin presión y segregar saliva. Las puedes visualizar como si fueran esponjas que van dilatándose y ablandándose. Como si abrieras el paso de una fuente. Relajar la lengua, dejándola ocupar mucho espacio en la boca, te ayudará.

3º: intentar sentir o imaginar saliva fluida en la boca:

Sentirla tapizando el interior de las mejillas.

Envolviendo las encías.

Envolviendo la lengua.

Si has logrado llenar tu boca de saliva fluida, en este momento habrás conseguido invertir la función del sistema neurovegetativo.

El estrés provoca otro tipo de saliva, seca y pegajosa. Por eso, la salivación no debe forzarse. Se consigue mediante el soltar, la apertura, el dejar fluir; lo que requiere una actitud diferente que el obligar, el hacer. Si el intento se convierte en un apremio, provocaremos más bien una saliva simpática.

Nuestra boca debería estar húmeda la mayor parte del día. Aunque no sea la panacea, ayuda a mantenernos en un estado de calma y de claridad y a conservar nuestro organismo en mejor estado de funcionamiento.

Y podemos así, guardar los sistemas de alarma para cuando sean realmente necesarios.

Para much@s, esto implica cambiar una dinámica; porque, sin darse cuenta, muchas personas utilizan el estrés para estimular su cortex cerebral (es una de las funciones del estrés) y poder pensar, así, con más rapidez.

Cuando la hayas practicado durante un corto período, verás como la salivación se estimula cada vez de forma más rápida. Finalmente bastará que pienses en ella. Será entonces cuando resultará fácil utilizar este sistema en los momentos difíciles.

2º.- Canalización energética al Hara.

El Hara es un centro energético situado en el centro de la pelvis, más o menos tres dedos debajo del ombligo.

En muchos métodos de meditación es considerado como centro de estabilidad, serenidad y calma.

Desde un punto de vista energético y según las teorías reichianas es el centro, donde a los tres años aproximadamente, debería anclarse la energía, siguiendo el ritmo de la maduración del sistema nervioso. Esto suele ser así, si, hasta entonces, el desarrollo armonioso no ha sido demasiado perturbado por carencias o traumas.

Desde un punto de vista físico, también es un lugar de equilibrio puesto que aquí se sitúa el centro de gravedad de nuestro cuerpo.

Y, al nivel fisiológico, encontramos en el punto del Hara el centro de la vida: el útero en las mujeres y la próstata en los hombres.

Sin embargo, la tendencia al reflujo de la energía hacia la cabeza, ausentándonos, de alguna forma, de nuestra pelvis, es un mecanismo de defensa muy común. Es una experiencia que casi tod@s hemos vivido, con más o menos frecuencia, más o menos conciencia, en situaciones de estrés, de esfuerzo, o de intensa emoción contenida. Una forma de desconectar de la intensidad de los mensajes que los sentidos nos mandan. Para much@s, es conocida esta sensación de presión o calor en la cabeza o en el cuello, e incluso la pérdida de la conciencia de la presencia del resto del cuerpo.

Y, esta tendencia que es visible en una lectura corporal, para algun@s se ha convertido en algo estructural, en un hábito defensivo tan habitual que ya no se reconoce. Por esto, al disminuir la presión del interior del cráneo, puede producirse, a veces, una sensación de mareo debida a la descompresión.

Una forma de bajar esta tensión, de redistribuir esta presión, que se intensifica en las situaciones de estrés, será aprender un sistema que nos ayude a buscar, de nuevo, la bajada del movimiento energético hacia la pelvis.

Lo que llamo la respiración en el Hara es uno de ellos.

Aunque se puede utilizar estando en cualquier posición, en cualquier situación, para el aprendizaje, será mejor buscar una posición en la que puedas estar relajad@: sentad@ o acostad@.

1º paso: llevar la conciencia hacia la percepción de la presencia de la pelvis (nalgas, vientre, caderas, genitales, ano, órganos). Será más fácil percibirla en el momento de la espiración, porque es el momento de mayor sensibilidad.

2º paso: visualizar, imaginar, en el interior de la pelvis, y de izquierda a derecha, de una cadera a la otra, algo parecido a un muelle o un acordeón.

3º paso: respirar imaginando, al revés de lo que espontáneamente surgiría, que este muelle o acordeón se abre y se expande hacia los lados en la espiración (salida del aire), y se recoge de nuevo hacia el centro en la inspiración (entrada del aire). Cuanto más prolongados y menos forzados, sean los movimientos inspiratorio y espiratorio, más eficaz será.

Este movimiento reproduce el movimiento de expansión–contracción de la energía. No es tanto un movimiento muscular, sino más bien un movimiento energético, poco visible desde afuera.

Si el estrés es tan intenso, que no permite ninguna concentración, sirve también simplemente imaginarlo, y, aún, inducirlo, si ya se ha practicado, reproduciéndolo con las manos sobre el vientre.

3.- Apertura del punto vago.-

Este punto, que he llamado el Punto Vago, está situado en su localización más externa en lo que se llama la fosa supra- esternal y que es el hueco que podemos tocar cuando termina el hueso del esternón, en la parte anterior del tórax, antes de empezar el cuello.

Este punto, que por su situación está en relación con músculos, vasos y nervios muy importantes, tiene la particularidad que al abrirse y soltarse tiene repercusiones en casi todo el organismo. El que esta zona esté más o menos hundida, con más o menos tensión interna, interesa a casi todas las funciones del cuerpo.

Uno de los efectos logrados, al soltar el exceso de tensión en esta zona, es la relajación de un músculo profundo llamado Constrictor Faríngeo, y la liberación de la presión sobre los troncos de dos nervios muy importantes a la hora de disminuir los efectos del estrés: el largísimo nervio neurovegetativo, el Vago, que inerva las vísceras y el Nervio Frénico que inerva el diafragma.

Lograr soltar la tensión en esta zona puede producir unos efectos muy importantes como, entre otros, liberar la respiración y a la vez cambiar la polaridad del neurovegetativo sobre las vísceras. Oponiendo la función vagotónica (de recarga y relajación) a la simpaticotónica (de defensa y acción).

Y, hay una forma relativamente simple de conseguirlo.

1º paso: buscar el hueco supraesternal. Colocar en él la yema de un dedo.

2º paso: en la espiración, empujar suavemente la yema del dedo con los músculos del interior de la fosa supraesternal.

Este pequeño movimiento debe ser muy local y hacerse con la menos fuerza posible; más bien con la concentración y la conciencia. Debemos sentir que se activa un pequeño músculo que está bajo el dedo. Sin que participen en este movimiento los músculos de la cara, de la nuca o de los hombros. Se trata de una apertura, no de un esfuerzo. Aunque, en caso de estrés acentuado se hace, de inicio, de la forma que sea posible.

3º paso: Aunque este pequeño movimiento puede lograrse en cualquier situación, si lo ejercitas en una posición relajada, sentada o acostada, concentrándote un poco en sentir su efecto en la espalda, la respiración y las vísceras, su alcance será aún mayor. De esta forma podrás comprobar con facilidad como su acción llega hasta el Periné (musculatura de la entrepierna).

El concepto básico en estos métodos es abrir, dejar fluir y permitir que el proceso se haga. No tanto esforzarse y hacer, sino estar concentradas en la atención y la intención.

En Diafreo utilizamos estos métodos como complementarios a un trabajo de estiramiento de las cadenas musculares, de localización de bloqueos y tensiones, y de liberación de sus significados y expresión.

Sin embargo estos procedimientos, que en principio expongo aquí como una medida de urgencia, practicados con constancia, pueden llevar también a un cambio dinámico que se podrá apreciar en la musculatura, en el funcionamiento visceral, en la circulación energética y en la liberación de los sentidos. Y con todo ello tener una percepción menos condicionada de nosotr@s mism@s y de la realidad que nos envuelve.

Estas prácticas pueden resultar útiles también como complemento a cualquier tipo de terapia, bien sea verbal o corporal y en las técnicas de meditación, pues facilitan el acceso a un estado de conciencia más perceptivo.

miércoles, 20 de enero de 2016

HUÉRFANA DE PADRE (o quizá fue antes...)


I

Esperar una llamada, esperar atención,  reconocimiento. Esperar propuestas, miradas, caricias, abrazos.

Conformarte con poco y   recobrar la ilusión.. ¿ahora me verá? Qué me vea! Oh no! ¿Y si me ve de verdad y se da cuenta de que no soy lo suficiente?

Poner ahí la esperanza, la ilusión. Y olvidarte de ti. Y perdonarle todo, porque por fin te ve, y crees que sin su mirada no puedes vivir.

Y la traición del abandono adulto se convierte en una traición interior que repetimos a lo largo de nuestra vida.


II

“Si no sanamos la parte masculina dentro de nosotras mismas, no tendremos una buena relación con los hombres”.

Si no sanamos nuestro “hombre interior” no sanaremos.

Pero ¿cuál es esta parte masculina? Quizá es una parte fuerte que puede cuidarnos y  hacerse cargo, para que no necesitemos ir a buscarlo fuera, llevando esa responsabilidad a nuestros compañeros sentimentales.

Pero también esta es la parte Artemisa, la independiente, que se hace cargo de si misma, toma decisiones aunque pague prenda. Es certera, y amiga de las mujeres.

Es la parte independiente, que no busca, que no está siempre disponible (no está siempre disponible, no está siempre disponible, no está siempre disponible!!)

III

“No agradecer es no saber recibir, y viceversa”

Pero qué difícil agradecer cuando mi niña interior cree que se lo deben! Cómo entro en la exigencia, me pongo cómoda en el abandono, en ese fondo amargo y de rencor, conocido. Es algo denso, mezclado con miedo, algo viejo. Es casi una certeza inamovible, que la quiero vomitar, gritar, escupir.

Que se convierta en rabia.

Quiero darle un puñetazo en la cara a esa figura que desaparece cuando más la necesito, cuando todo va a ser rosa, la vida va a ser bella y comienza o prosigue la felicidad, y entonces, de repente, parece como si el propio miedo a perderla me volviera inútil, no espontánea, como si lo que me dan fuera demasiado para mi.

Entonces él se va, desaparece sin dejar rastro, dejándome en una angustiosa incertidumbre (volverá?).

Y el rosa se vuelve gris. El aire, un medio difícil. Pero lo peor es sentir que hay algo en mí que no está bien, que hice algo mal y por eso desaparecieron.

No me vieron de verdad?
O precisamente me vieron de verdad?

Ahora, ya de adulta, esto es un lastre, no lo quiero ya más en mi vida. Además no es mío, es de mi padre, es de mi madre, no es mío, no lo quiero.

Mis partes femenina y masculina dándose la espalda, mi parte fuerte y la niña herida dándose la espalda.
Yo, buscando defectos en el espejo. Yo, buscándome en la mirada ajena, dando la espalda a mi propia mirada amorosa.
Yo, desoyendo mi propia llamada desesperada de cariño. Yo, desapareciendo cuando todo empieza a estar bien, haciéndome a mi misma lo que me hicieron, abandonándome.
Sin verme, sin reconocerme, sin sentir amor.

Ya empieza a ser hora de que todo esto quede en el pasado.

Soltar lastre, flotar.
Cambiar las hojas, mudar.
Cambiar la piel de la serpiente.
Ver mi nueva piel y verme, reconocerme!
Atenderme, mirar al espejo sin miedo. O mirar con miedo y acogerlo.
Invocar a Artemisa y protegerme.

Expresarme, cuidar a la niña…
Atreverme a sentir un profundo amor y agradecimiento hacia mi, que soy la vida, a la vida, que es todo, a las mujeres, mis hermanas, a los hombres, la tierra, el cielo..

Comienzo a hacerme las paces.

(Y el amor… gracias Xènia, por el huevo de jade!)

                                 Octubre 2013